«El terapeuta» y «el paciente»

Entre muchas comillas.

Nos identificamos muchísimo con cada rol en esta vida, me gusta tenerlo en cuenta, me ayuda a no olvidarme que detrás de cada rol que precisa el juego del crecimiento, hay humanos, aprendiendo a serlo, participen como participen de la experiencia.

El rol de alguien que se pone desde la vereda de acompañar a otro, es de igual importancia, al que decide ser acompañado. Pues en ese acto, estamos tomando la ofrenda natural de haber venido todos juntos a tener esta experiencia como humanos, y los que volcamos nuestra pasión en tomar este rol, nos es relevante recordar, que quien tiene el poder real de re escribir la historia que nos cuenta, es la persona que solicita el servicio.

Pienso que si algo podemos hacer, como acompañantes, como humanos, es elaborar y profundizar en nuestros traumas y posibles trastornos que claramente nos aterrorizan, a tal punto, de que no tengamos la necesidad de manipular inconscientemente a nuestros “pacientes” o compañeros a partir de nuestras teorías, y dejar que sean lo que son y que el proceso dure lo que corresponda según su nivel de compromiso, quizás.

Claro que no atender la nerviosa impaciencia que se genera al involucrarse en el mundo interior de un otro, y querer de alguna forma u otra «solucionarlo» inmediatamente, dice mas de la experiencia, que de la intención.

Solo la aceptación de la vivencia propiamente dolorosa como una verdad íntima, nos libera relativamente de la esperanza de encontrar, pese a todo, a la -madre- comprensiva y empática en el mismo paciente, y poder convertirlo, mediante interpretaciones brillantes o inteligentes, en un ser disponible.

Esta tentación no puede ser dejada de lado: pocas veces o quizás nunca, nos habrá escuchado nuestra madre con la atención que un paciente puede hacerlo, nunca nos habrá revelado su mundo interior de manera tan profunda y sincera para nosotros como lo hacen ciertas personas que acompañamos. Sin embargo, comprender esta observación, nos puede liberar de ciertas ilusiones cómo terapeutas, entre muchas comillas.

Una madre cómo nos hubiese hecho falta en su momento (empática, abierta, comprensiva y comprensible, disponible y hasta utilizable, transparente cómo el agua, sin contradicciones incomprensibles para el niño) una madre así, ni le hemos tenido, ni es posible de que exista mientras sea humana, pues toda madre lleva en sí, un trozo de pasado no superado.

Terapeuta y paciente, simplemente son dos personas con activos deseos de reformular la interpretación del comienzo de la historia: la niñez, para así vivir un presente desde otra actitud.

4 respuestas a ««El terapeuta» y «el paciente»»

  1. ufff me llega el mail notificandome y corro a leerte amigazo, pero es curioso, porque de esa aceleracion paso a la calma y el entendimiento a hacerlo…. GRACIAS

  2. Que esto salga en medios masivooos isma. Mucha responsabilidad de la amorosa en tu laburo, lo se por experiencia

  3. Tremendo acompañante, me cambio la vida.
    Agradecido eternamentee

  4. Gracias por ayudarme tanto!! Cada vez que hablamos de la infancia en las sesiones crezco un poco mas como adulto. Gracias ismita

Deja un comentario

Descubre más desde el arte de transformarse

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo